Mala noche de trova

Comenzó esta semana el martes con el garito adelantado, no había demasiado ánimo para beber con fuerza, pero igual cumplí la cuota y perdí muy poca plata, menos de un dólar. Independientemente del juego la pasé muy bien, disfruto la compañía de mis compañeros de juego y es harto divertido platicar con ellos.

El miércoles pasé unas horas con la poeta, salí algo tarde de la oficina y pasé por ella. Llegamos a un cafe y me eché un par de macchiatos, muuuuy buenos. Salimos del local y comenzamos a caminar, mientras pensábamos qué hacer sugerí un par de cervezas y entramos a un bar, sólo para echarnos la insuficiente cantidad de las dos insinuadas.

El lugar no me gustó, estaba bien al principio como para una velada serena y música de fondo a volumen agradable, pero comenzó a tocar un imbécil con una voz lamentable y tanto su guitarra como la errática voz gemían música de trovadores, motivo también para huir más temprano de lo que habría querido.

Extraña noche con ella. Por momentos me siento muy cómodo a su lado, pero por otros la encuentro demasiado paranoide en mi presencia y la plácida sensación se altera y transforma hacia cuidar mis palabras y su tono, sólo para no perturbarla (más de lo que suele estar).

Además, la sensación de ir por tragos con alguien que se niega a beber con entusiasmo me da la sensación de que no le soy una persona particularmente confiable y rehusa beber para no perder el control.

Sí, ni modo. Imagino que no soy un buen tipo y, quizá, si estuviese en su lugar tampoco confiaría en mí.

Comments (2)

Sí, eso de estar siempre atento y darte cuenta que los otros no estan contigo muy cómodos, perturba

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